domingo, 5 de septiembre de 2010

RECOMENDACIONES PARA PAPÁS Y MAMÁS

Fueron más de 1000 cigarrillos los que por mis pulmones pasaron el año pasado. Hoy, afortunadamente sólo respiro el purísimo aire de Bogotá. Pues al tiempo que tomaba mis últimas bocanadas, nació una ley para proteger la salud de todos los colombianos –fumadores, fumadores pasivos, no fumadores- de los efectos nocivos del cigarrillo. Ahora se ha sumado al arsenal de leyes que tengo para proteger mis derechos la ley 1335 de 2009, que me permite entre otras cosas, “respirar aire puro libre de humo de tabaco y sus derivados”.

Pero no soy yo quien debería sentirse más satisfecha y segura con esta norma. Son los papás y mamás quienes deben agradecer al honorable Congreso de la República por haber sacado adelante, dentro de su apretadísima agenda, esta ley. Pues el objetivo de frenar y regular el consumo de tabaco está dirigido a la población menor de edad, vulnerable e incapaz, a todos sus hijos e hijas menores de 18 años. Ahora los padres y madres de familia podrán percibir que el entorno por donde se mueven sus hijos es más seguro.

Regulando la venta, publicidad y consumo de los productos derivados del tabaco, sumado a campañas de educación y sanciones, el gobierno nacional está actuando para contrarrestar la cifra de consumidores y con esto los gastos que generan las enfermedades relacionadas con el consumo. Y es que uno en cualquier tienda o chasa (o puesto ambulante donde compra chicles, dulces y cigarrillos) puede comprar aún sin tener la cédula este producto. una de las medidas adoptadas es la prohibicion de la venta por unidad de cigarrillos (Articulo 3º, Paragráfo). Entoces, en un año (cuando entra en vigencia éste Articulo) en vez de tener que gastar 300 pesos por unidad, los fumadores tendrán que sacarse del bolsillo con bastante dolor 3000 pesos para comprar media cajetilla. Pero este padecimiento no parece ser tan grave, pues muchos, como afirma doña Silvia (dueña de una chasa frente al Colombo) pasan de comprar por unidades, a comprar media y luego la cajetilla voluntariamente conforme va pasando el tiempo: “cuando la gente es viciosa, sólo si le cobran mucha plata, deja de comprar” o si no, como dice Lucia “no hay tantos policías que nos vengan a molestar”.

Pero no por esto hay que caer en el error de pensar que ésta ley como muchas otras no sirve para nada. Pues los artículos que ya son vigentes dan cuenta de la eficacia instrumental de la norma. Gracias a ella cuando salgo de restaurantes, centros comerciales, tiendas, ferias, festivales, parques, estadios, cafeterías, discotecas, cibercafés, hoteles, ferias, pubs, casinos, mi pelo y ropa ya no huelen a asado; ya no tenemos copa Mustang, sino liga Postobon; para tristeza de muchos, ya no se encuentran las promocionadoras de Marlboro y Lint. ¿será que con esto moldearemos el comportamiento de los fumadores, para que dejen de fumar, o por lo menos evitaremos que más jóvenes lo empiecen a hacer?

Lo que hasta el momento sé es que al tiempo que tengo la ley dentro de mi arsenal, tengo las terrazas del ML y del SD, las escaleras frente a la biblioteca de Derecho, el parque frente al ML (y la estación de policía) para poder volver a fumar el día que me vuelvan a dar ganas. Menos mal no me llenan la cabeza con educación sobre los riesgos del consumo de cigarrillo. Afortunadamente esas propagandas de bajo presupuesto que decían que era muy “anti-play” enviar señales de humo ya no existen. Menos mal aquellos que están llamados a hacer cumplir la mayoría de las disposiciones de esta ley, permiten encender un cigarrillo y fumar con la misma tranquilidad con la que antes hacia eso.

Por eso papás y mamás apelen mientras tanto a la moral de los vendedores. Pero no olviden que por lo menos la ley está ahí, en el papel.



Nathalie Buitrago 

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