El 11.08.10 en
el noticiero de Caracol Televisión, se hizo pública la noticia de un fuerte
enfrentamiento entre pandillas de la Comuna 13 de Medellín. Tal fue la gravedad
del asunto, que las Fuerzas Armadas se vieron en la obligación de intervenir en
dicho conflicto. Sólo así se pudo controlar la situación.
Esta no es la
primera vez en que el Estado colombiano pone en ejecución el uso de la fuerza
para contrarrestar la subversión de esta zona, para muchos marginada y “sin
Estado”.
Ahora bien, la
Constitución Nacional reconoce campos jurídicos tanto infranacionales como
transnacionales (art. 246 y 93 respectivamente) que podríamos catalogar como sistemas jurídicos. Tipos de sistemas
jurídicos infranacionales son el fuero militar o la jurisdicción indígena, ya
que se salen de la convencionalidad del Derecho nacional y tienen campos de
acción específicos. En el caso indígena, un ejemplo claro fue la sanción que la
comunidad Paez en el Cauca le impuso a Piñacué por mentir. Tuvo que ir
caminando hasta una Laguna (para los paeces sagrada) y allí golpearse con
látigos en la espalda. Esto, que a los ojos de un ciudadano no-indígena
representaría una ignominia y presentaría una acción de tutela, no lo es para
los paeces, y además, tienen aval constitucional para hacerlo (ya que esas son
sus normas).
Sin embargo,
en el caso de violencia que se respira en la Comuna 13 de Medellín, el análisis
tiene que ser distinto, porque dichas
organizaciones no son reconocidas por el Estado y operan desde la ilegalidad,
por tal motivo, al considerar a estas “comunidades” como sistemas jurídicos,
estaríamos deslegitimando el control del Estado, promoviendo así una ruptura
del esquema Estado-Nación bajo el cual nos regimos, todo lo cual traería
efectos desastrosos para el país. Para explicarlo mejor, voy a analizar el
problema y las consecuencias que esto traería.
Como lo
demuestra la noticia con la que inicié el texto, el Estado puede en cualquier
momento utilizar el uso de la fuerza para combatir el crimen organizado, pues
es soberano de vigilar y mantener el orden del territorio nacional. El Estado
colombiano es además reconocido y aceptado internacionalmente por los demás
Estados que respetan y apoyan dichas acciones.
Otro punto
importante de análisis es el falso argumento que dice que la comuna es una zona
sin control de la fuerza pública. Todo lo contrario. El poderío estatal conoce
la lamentable situación de guerra que existe entre pandilleros en esta comuna,
y por eso está en el imperativo de acabarlas. Sin embargo, no se puede caer en
el error de reconocer a colectividades delincuenciales como sistemas jurídicos,
ya que al hacerlo se estaría dando visto bueno, y lo que es peor, validando
dichas acciones, lo que desencadenaría muy posiblemente en la multiplicación de
dichas estructuras armadas. Como resultado de esto, Colombia quedaría convertida
en Estado paramilitar y estaríamos pronto creando Auschwitz criollos en este
nuevo país fascista, en el sentido en que sería una acción violenta avalada por
el Estado.
Por las
razones anteriores, es que considero impertinente elevar a la categoría de
sistema jurídico a las organizaciones delictivas como las que operan en la
Comuna 13. En vez de apoyar la ilegalidad, lo que se tiene que hacer es
fortalecer nuestras instituciones y fuerzas armadas para erradicar
definitivamente el conlifcto interno, no sólo existente en Medellín, sino en
otras regiones del país, sólo así, alcanzaríamos pronto la paz que tanto
necesita Colombia.
Diego Mauricio Olarte Rincón
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