Cuando me invitaron a hacer parte del grupo de estudiantes que se internaría en un barrio de la ciudad de Medellín, Colombia. Llamado “La Sierra”, y haría un documental acerca de la vida de la gente que vive allí. Pensé que sería una experiencia nueva e interesante. Además, me ayudaría a subir esas calificaciones, porque, como algunos sabrán, la vida académica de un estudiante de Derecho puede ser dura, y mi caso no era particularmente sencillo.
¿Qué tan difícil puede ser documentar la vida de estos personajes tan simples? Me dije camino a Medellín, la verdad nunca investigué acerca de lo que iba a encontrar en ese olvidado lugar, pues yo no era el encargado de formular preguntas, mi única función era grabar con mi cámara, cada movimiento de estos personajes y estar seguro de que no se me escapase una sílaba que saliera de sus bocas.
Apenas bajé del taxi, empecé a darme cuenta que esto no tendría nada de fácil. Nuestra primera parada fue el hogar del jefe del bloque metro de las Autodefensas Unidas de Colombia, el cual nos narraba como él, al ser el jefe del bloque que domina esa zona, representa la autoridad y es el encargado de impartir justicia, pues la comunidad acude a él como ente regulador de sus vidas.
A medida que fueron pasando los días y pude ir escuchando la historia de cada persona que entrevistamos, empecé a recordar mis primeras clases en la facultad, en las cuales definían las características de un Estado, luego de pensar un momento logré recordarlas: Territorio, población, autoridades legítimamente constituidas, monopolio de la fuerza y reconocimiento internacional.
En una noche solitaria, empecé a pensar si el Estado Colombiano era una fuerza presente en aquel lugar, mi conclusión no pudo ser otra que esta que escribí con miedo de ser descubierto:
El Estado colombiano cumple con estas características de un Estado, pero acá en “La Sierra”, no es el Estado quien tiene estos elementos y quien impone la justicia, los encargados de hacerlo son los grupos al margen de la ley, pues son una autoridad reconocida y respetada por la comunidad, respetada, que maneja el monopolio de la fuerza, tiene un territorio limitado en donde su “ley” se aplica.
Pasaron los días y en una mañana encontré a ese pedazo de papel arrugado dentro de uno de mis bolsillos, seguí pensando en el tema y no pude encontrar un término mejor que pluralismo jurídico. Para los que no tengan idea de este tema, el pluralismo jurídico consiste en palabras del autor portugués Boaventura de Sousa Santos en el texto “la globalización del Derecho” en una pluralidad de ordenamientos jurídicos en un mismo Estado. “La Sierra” es un buen ejemplo de este, pues a pesar de que el barrio hace parte del Estado Colombiano, en este no se cumplen las leyes exigidas por él mismo, sino las exigidas por una autoridad que ha ganado su legitimidad usando el terror como principal herramienta, haciendo que dentro del mismo Estado existan otro tipo de autoridades diferentes a este que son para sus válidas para sus habitantes y que a su vez tienen la mayoría de características tradicionales de un Estado.
Este ha sido mi recorrido hasta hoy, espero poder mandarles más relatos pronto de la vida en “La Sierra”.
José Fernando Rengifo C.
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